LA DESAIRADA


Reconozco a esa mirada
muerta en mi mirada,
me habla de silencios largos
en caminos angostos,
de versos incompletos.
Me basta 
ese mohín esquivo
de tu boca
para morder palabras de amor
viejas,
desusadas,
adolescentes, dirías.
Y ese gesto tuyo
de todo tú
que te aleja a no se dónde,
brusco y fatuo,
como tus promesas.
Sin embargo,
me empeño en amarte
porque me duele desandar,
reconstruir,
por pereza, simplemente;
acaso,
pensabas qué.

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