LA DESAIRADA


Reconozco a esa mirada
muerta en mi mirada,
me habla de silencios largos
en caminos angostos,
de versos incompletos.
Me basta 
ese mohín esquivo
de tu boca
para morder palabras de amor
viejas,
desusadas,
adolescentes, dirías.
Y ese gesto tuyo
de todo tú
que te aleja a no se dónde,
brusco y fatuo,
como tus promesas.
Sin embargo,
me empeño en amarte
porque me duele desandar,
reconstruir,
por pereza, simplemente;
acaso,
pensabas qué.

FOTO



La impronta de mi pie en la arena

se desvanece con la ola

e insisto.

Pero el mar es como el tiempo

un terco indolente.

Paco y el loro




- PAAACO-leVÁN-ta-te-ques-TAAARde-PAAACO-CO-VÁN-tate-paaco-
vántate- un pañuelo de seda gris se desliza por encima de la jaula. 

Érase una vez, que el lorito se presentara por sorpresa un día de lluvia. Apareció en el quicio de la puerta tan calado que apenas podía caminar (desencadenando la algarabía de todos los de la casa, que no dudaron en adoptarlo).


Por entonces,ya cotorreaba, básicamente despropósitos, palabras sueltas,improperios que daban pistas sobre su proveniencia. Paco, el cabeza de familia, un hombre sencillo criado en la aldea que le vio nacer, consiguió con el tiempo ir cambiándole aquella jerga , incluso le enseñó a decir “por favor” y “gracias”. Pero era, precisamente aquella frase, a fuerza de oírla reiteradamente, cada mañana durante años, su frase estrella:


    - PAAACO-leVÁN-ta-te-ques-TAAARde.

Un pañuelo no le intimidaba, sigue sin callar.

   - Palincharlo- se escucha decir de bajines y entre risitas.

Y el loro insiste:

    - PAAACO-leVÁN-ta-te-ques-TAAARde- y vapulea como enajenado las perchas con el pico.

    - ¡CaaallA-YA!- brama la mujer de Paco, que frunce el pañuelo de seda gris entre los barrotes.

(Pausa doble.)

    - "paaco-paaaco-le-ván-ta-te-questaar-de"- ahora, casi inaudible.
   
Un silencio, roto sólo por el aletear del pájaro, invade la estancia. Se desliza el silencio como la niebla en la noche, cegadora e inquietante, envolviendo la respiración de cada uno de los allí presentes. Y luego, irrumpen las risas: risas contenidas, crispadas, risas disimuladas, imparables, risas efervescentes.

Eso, suele pasar cuando hay muertos. Y Paco lo está de rigor mortis: sobre su cama, con las manos entrelazadas y la boca entreabierta, lívido; después de un dolor en el pecho que le ha quebrado el día (se ha ido sin pedir permiso, él que siempre había sido tan educado).

El loro, al final, cansado de bregar con las sombras, esconde la cabeza bajo el ala; las risas, también van cediendo. Paco, no se levanta.

Niños y brujas




(foto regalo de María José)


La brisa le acaricia el rostro y se acomoda mejor sobre su improvisado reposa cabezas: una pelota de colores medio hinchada que aplana en la arena. Pero el placer dura demasiado poco, la pelota desaparece y su nuca impacta contra el suelo.

-          ¡Qué haces!

Un gitanillo de pocos años, vestido como vino al mundo, se la mira con descaro. Tiene la cara redonda, los ojos muy negros y muy grandes, un flequillo despeinado y dos moquillos que se limpia con la lengua.

-          ¡E-mía!

-          Anda, dame la pelota- le pide con optimismo.

-          Notero.

-          Que me la des- el tono es ya más autoritario.

-          ¡Mía!- chilla el mocoso.

-          Devuel-ve-me mi-pelota.

-          No-tero.

Varios bañistas hacen apuestas, el pulso promete: cuánto más indignada se muestra la mujer, más abraza la pelota el niño (como un pulpo).

-     A ver, no estoy de humor para discusiones– pone los brazos enjarras- ¿sabesquesoyunabrujaquesecomealosniñosquetocanlas pe-lotas?

(silencio)

El pequeño, desconcertado, da un respingo y deja caer el balón de colores, cierra el puño con fuerza y desplegando su dedo corazón, farfulla:

-          ¡Ja-puúta!



Corazón en punto






Me preocupa llegar a la hora,
estar siempre
con el corazón en punto
para no tener que decir nunca
lo siento.

Eliminar
-si cabe-
la más mínima probabilidad estadística
de perderte

De tal manera cuido las matemáticas
que tus pasos desencadenan
una reacción imparable:

perfumo el aire
de sándalo y romero
y espero, amor...

con el corazón en punto,
de tal manera,
que elimine de la ecuación
la más mínima probabilidad estadística
de una tercera variable.




Transición



Que mi hora

-le pido a Dios Padre-

me sorprenda durmiendo;

que me parezca la vida 

un sueño

del que por fin he despertado.

Y me deja así:

eternamente recordándome.



Veladura





“No me mires de reojo

que es mirada de traidor,

mírame carita a cara

que es miradita de amor”




(se lo oía  decir a mi abuela...)

Sabores





AMARGO

El alba y sin dormir, un suspiro agónico. Deja su huella en el sillón y envuelta por una manta camina descalza hacia algún lugar de la casa. Su reflejo en el espejo del pasillo le invita a contemplarse: la raíz del pelo nace blanca y hay un punto negro en la muela del fondo…; lucha por vencer y alza sus pechos con solemnidad.

-       ¿Mamá estás bien?
-       Sí cariño,  duerme…

Pero los ojos desisten y lloran: “estaría mejor si tu padre no me hiciera cuernos”.

ÁCIDO
Y la bruja mirándose al espejo, se preguntó:

-       ¿Qué es belleza interior? ¿Se hará también pellejo?

SALADO
Mosquito mosquetero
que zumbas toda la noche
no es reproche,
pero me mareas.
Deja de zumbarme
(AY)
¡y de picarme!
TOMA
ZAS
Ya está:
no estás,
en un pis-pas
te has convertido
en un lunar…

DULCE
Recuerdo la tibieza del sol y la brisa en mi rostro, el aroma de las sábanas limpias que ondeaban hacia la mar, como  velas de un barco. Desde el terrado, avistaba la torre de la iglesia y las palomas al vuelo; y del mediterráneo, el cielo me decía como era de azul.

Subir a tender la ropa, algo tan simple y cotidiano, se había convertido en el Padre Nuestro que estás en el patio y mi madre, detrás de mí, en un ángel.